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PostHeaderIcon Postura de Lares Federación Ley antitabaco: las residencias deben ser una excepción

El 17 de septiembre se acaba el plazo para que los distintos grupos políticos presenten enmiendas al texto de la Ley Antitabaco, con la que se prohíbe fumar en cualquier sitio público que se encuentre cerrado y que previsiblemente entrará en vigor el próximo 1 de enero.

Se estudia la posibilidad de que los centros residenciales geriátricos se consideren una excepción - igual que los centros psiquiátricos, las cárceles, los hoteles y los clubes de fumadores– por tratarse del lugar donde los usuarios viven de modo continuado, constituyendo para ellos su hogar.

 La opinión de Lares

 Los centros residenciales geriátricos deben ser considerados como excepciones a la hora de prohibir fumar en cualquier espacio cerrado. Se debe  permitir la creación de algún espacio o sala de fumadores, separado adecuadamente del resto de instalaciones, y debidamente acondicionado para que los fumadores puedan hacerlo dignamente y no perjudiquen al resto de usuarios y visitantes, así como lo mínimo posible al personal que presta servicios en el centro.

Las residencias geriátricas son el ámbito donde los usuarios viven de modo continuado, constituyendo para ellos su hogar. Se trata de buscar soluciones de equilibrio que conjuguen el ejercicio de la libertad individual con el respeto y la salvaguarda de la salud de los demás.

Abandonar el hábito de fumar indudablemente es beneficioso para la salud del que deja de fumar. Pero la prohibición de fumar en la residencia no es el camino para que nadie abandone este hábito.

Debemos tener en cuenta que la prohibición absoluta (sin ningún espacio habilitado para fumar) significa que:

1.- Los usuarios saldrán a fumar a la calle, donde de momento nadie se plantea prohibirlo. Si es necesario, requerirán ayuda del personal del centro y de sus familiares u otros residentes para salir a la calle a fumar.

2.- Debido a la fuerte dependencia que crea el tabaquismo, en el caso de prohibición se produce el fenómeno de la “clandestinidad” cuyas consecuencias son bien conocidas por los directores y directoras de residencias geriátricas: problemas de convivencia con otros usuarios (por fumar en lugares no habilitados para ello), enfrentamientos con el personal, transgresiones de la norma y sus correspondientes sanciones disciplinarias, y el más preocupante de todos, el riesgo de incendios por fumar en lugares escondidos (donde puede haber material fácilmente inflamable) y por tirar las colillas mal apagadas o encendidas ante la posibilidad de ser pillados “in fraganti” por temor a la consiguiente amonestación y/o sanción.

3.- En caso de prohibición rigurosa que impida el acceso al tabaco se produce en los fumadores síndrome de abstinencia pudiéndose dar casos de agresividad que son muy difíciles de controlar. También se podrían producir en ciertos casos depresiones que en los casos más graves podrían tener consecuencias trágicas.

La mayor parte de las residencias ya disponen de zonas o espacios específicos para fumar. Dependiendo de las dimensiones de la residencia se debería habilitar una o más salas de fumadores en las zonas comunes. Estas salas de fumadores deberían estar adecuadamente acondicionadas con extractores de humo, materiales ignífugos, ceniceros, etc.

Aunque pudiera conseguirse no perjudicar a otros residentes, no parece adecuado permitir fumar en las habitaciones por el peligro de provocar incendios y porque expone mucho más al humo del tabaco al personal del centro.

 

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